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Área Científica Colecciones

Colecciones geológicas

Paleontológicas

En el año 1891 se adquirió a F. Pisani, marchante de París, la primera colección paleontológica de importancia del Museo (entonces Museu Martorell). A dicha colección pronto se le añadieron otras fruto de la recolección realizada para la confección del Mapa Geológico de Cataluña (colección Almera), cuya sede se estableció en el Museo. Los trabajos de revisión monográficos, efectuados por especialistas como J. Lambert, G. de Angelis d’Ossat, P. Fallot o F. Blanchet, dieron lugar a un aumento significativo de los ejemplares tipo y figurados. El grueso del material, completado con algunas compras en el extranjero, recolecciones y excavaciones del personal técnico del Museo, ingresó en el mismo durante el primer tercio del siglo XX.

El registro actual de la colección general de Paleontología se inició en el año 1922 con la entrada de la colección de Lluís Marià Vidal. En las últimas décadas se han ido añadiendo otras colecciones importantes entre las que destacan por su variedad y número de ejemplares las formadas por el profesor José F. de Villalta y sus colaboradores, la colección de plantas del Oligoceno de Cataluña de Martí Madern, las colecciones Gurrea y Campreciós, registradas parcialmente en 1995 y 2009, respectivamente, y la colección de J. A. Vela, con una rica representación de trilobites, registrada entre 2010 y 2014.

De este modo, la colección paleontológica se encuentra en constante crecimiento gracias a las continuas donaciones y a las recolecciones efectuadas en campañas de campo por los técnicos responsables (en el marco de varios proyectos de investigación).

  • Fondo de la colección
  • Fuentes de ingreso
  • Preparación y conservación
  • Colección de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona

    Se trata de una colección de unos 1.500 registros, procedentes esencialmente de Cataluña, España y Francia, pero también de Italia, Estados Unidos, Uruguay y Cuba. Algunos académicos como Gimbernat, Vidal y otros desde la fundación de la Academia, participaron en la formación de esta recopilación.

  • Colección Pisani

    Está formada por más de 1.200 números de registro que, en su mayor parte, corresponden a invertebrados. Entre los ejemplares encontramos representantes de las especies más conocidas y comunes de la práctica totalidad de los grupos, pisos y cuencas, procedentes esencialmente de Suecia, Bohemia, Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra e, incluso, Estados Unidos, por lo que en la actualidad el Museo dispone de un considerable repertorio de especies tipo que van desde el Cámbrico hasta al Plioceno.

  • Colección Vidal

    La colección de Lluís Marià Vidal i Carreras (1842-1922) es, sin duda, la colección paleontológica catalana más importante del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Además de una gran diversidad de especies, pisos y cuencas españolas y europeas, en ella están representados los principales yacimientos fósiles de Cataluña, muchos descubiertos por el propio Vidal. Destacan los materiales del Silúrico y Devónico del Pirineo, el Jurásico de Camarasa, el Cretáceo del Montsec (Santa Maria de Meià) e importantes yacimientos como Tàrrega (Oligoceno), Surroca-Ogassa (Carbonífero) y La Seu d’Urgell (Mioceno). La colección contiene también la mayor parte de los tipos y figurados de la paleontología catalana de su época. El material comprende unas 6.000 entradas de registro, correspondientes a varias decenas de miles de ejemplares. Aunque es una colección rica en vertebrados y flora –a Lluís Marià Vidal le interesaba especialmente el carbón– más del 90% de los registros que la forman corresponden a todo tipo de invertebrados.

  • Colección Serradell

    Está formada casi exclusivamente por invertebrados (en gran medida gasterópodos y lamelibranquios) del Cenozoico de Cataluña y también de Francia.

  • Colección Villalta

    La denominada colección Villalta ingresó en el Museo en 1986 y está formada por:
    – La colección de invertebrados fósiles del Departamento de Geomorfología de la Universidad de Barcelona, depositada en el CSIC (Barcelona) con motivo del traslado a la nueva sede universitaria de Pedralbes. Contiene unos 20.000 ejemplares.
    – La colección de vertebrados pleistocénicos del CSIC (Barcelona), ya mencionada, está formada por los ejemplares procedentes de las excavaciones practicadas por el Dr. Josep F. de Villalta y sus colaboradores, principalmente durante la década de 1970. Contiene unos 10.000 ejemplares.
    – Una colección de flora del Mioceno de la Cerdanya y algunos ejemplares tipo resultado de la investigación de Villalta en vertebrados, que suman cerca de un millar de ejemplares.

  • Colecciones modernas

    Entre las colecciones modernas destaca la colección Gurrea, registrada parcialmente en 1995, que es obra de un paleontólogo aficionado y está constituida por más de 4.500 registros. Como en el caso de la colección de la RACA, más del 95% de los ejemplares de la colección Gurrea corresponden a invertebrados. El resto de materiales registrados en los últimos años procede básicamente de proyectos de investigación en los que participan técnicos del Museo, así como de algunas donaciones de particulares como la colección Torà del Jurásico de México o los duplicados de la colección Ferrer-Condal del Triásico de Alcover (Alt Camp). Prácticamente todos corresponden a invertebrados.

  • Colección paleobotánica

    La colección paleobotánica del Museo es la más completa de Cataluña y está formada por:
    – Material procedente de la colección de Lluís Marià Vidal, ingresado en 1922, entre el que destaca el del Carbonífero de la cuenca de Sant Joan de les Abadesses y el del Oligoceno de Tàrrega.
    – La colección de flora del Mioceno de la Cerdanya, del profesor Josep F. de Villalta, ingresada en el año 1986.
    – La colección del Mioceno de la Cerdanya del Dr. Julio Gómez-Alba.
    – La colección de Martí Madern i Carreres, del Oligoceno del área de Cervera, donada en 1989.
    – Las colecciones de Joan Vicente i Castells, del Mioceno de Montjuïc (Barcelona) y del Cretáceo de Isona, donadas al Museo en 2001 y 2002, respectivamente.
    – La colección paleobotánica de Joan Campreciós (que incluye el Oligoceno de Pujalt, Anoia) donada al Museo en el año 2009.
    La colección, estudiada y publicada parcialmente, contiene varios miles de ejemplares y numerosos tipos y figurados.

  • Colección de vertebrados fósiles

    La colección de vertebrados fósiles del Museo está formada básicamente por:
    – Material procedente de yacimientos europeos, entre el que destaca el Eoceno de la cuenca de París, procedente de la antigua colección Baron, adquirida en 1890.
    – Material procedente del Mapa Geológico de Cataluña, en el que destaca el Pleistoceno de la Cueva de Gràcia (Barcelona).
    – Material de la colección Lluís Marià Vidal, ingresada en el año 1922, donde destacan los yacimientos de Santa Maria de Meià (Cretáceo) y Tàrrega (Oligoceno).
    – La colección de vertebrados pleistocénicos del CSIC (Barcelona), formada a partir de numerosas excavaciones de cuevas practicadas principalmente por el Dr. José F. de Villalta. Ingresó en el Museo en 1986.
    Todo el conjunto, en fase de inventario, consta de unos 15.000 ejemplares.

  • Colección de micropaleontología y lámina delgada

    Los grupos taxonómicos que se pueden englobar dentro de la denominación de colecciones de micropaleontología son numerosos, pero destaca la colección de rocas sedimentarias y láminas delgadas con macroforamíniferos (protozoos). Aunque algunas colecciones de paleontología del Museo contenían alguna entrada de macroforaminíferos, la colección de micropaleontología se está desarrollando y aumentando en volumen debido a la línea de investigación desarrollada desde 2011 en el Museo por el Vicent Vicedo, conservador de la colección de paleontología del Museo. Es, por consiguiente, una colección eminentemente científica con numerosos especímenes tipo y figurados.

    Actualmente la colección está formada por más de 2.000 entradas, entre rocas, láminas delgadas y especímenes. El material proviene de varios lugares del mundo (principalmente de España, Italia y Omán) y de diferentes edades (del Jurásico al Mioceno).

En el caso de la colección paleontológica del Museo, pueden diferenciarse tres fuentes de ingreso:

  1. La primera es fruto de las recolecciones efectuadas por el personal del Museo, esencialmente durante la realización de proyectos de investigación financiados por el Estado, o mediante trabajos de campo financiados a través de proyectos del Institut de Cultura de Barcelona.
  2. La segunda es la oferta de donación de colecciones por parte de particulares o instituciones. En estos casos la sección de paleontología siempre se reserva el derecho de aceptar o no cada uno de los ejemplares que conforman la colección. Desde 1986, el Museo siempre notifica al donante los datos registrales de los materiales definitivamente aceptados.
  3. Por último, la tercera fuente corresponde a ejemplares recogidos por geólogos y paleontólogos, básicamente durante los trabajos de campo necesarios para la realización de tesis doctorales o proyectos de investigación posteriores a las mismas. Estos científicos, con vistas a futuras publicaciones científicas, tratan de identificar –mediante el concurso de un especialista– los ejemplares de determinados grupos que sean bioestratigráficamente o paleoecológicamente importantes. Cuando este especialista, que muchas veces es el único del Estado español, trabaja en el Museo, los ejemplares identificados suelen acabar incorporándose a las colecciones y muchas veces se convierten en ejemplares importantes. Son los denominados ejemplares tipo o figurados por representar nuevas especies o haber sido reproducidos en publicaciones especializadas y ser objeto de consultas por parte de otros especialistas mundiales.

Como en cualquier campo de las ciencias naturales, uno de los criterios esenciales para el ingreso de ejemplares o colecciones es que vayan acompañados de una documentación fiable y consistente (que describa, entre otras, la procedencia geográfica), porque si no se da esta circunstancia el fósil pierde todo el interés con relación a una serie de disciplinas que dependen de esta información (como la Bioestratigrafía o Paleobiogeografía).

Como en cualquier campo de las ciencias naturales, uno de los criterios esenciales para el ingreso de ejemplares o colecciones es que vayan acompañados de una documentación fiable y consistente (que describa, entre otros datos, la procedencia geográfica), puesto que si no se da esta circunstancia el fósil pierde todo interés respecto a una serie de disciplinas que dependen de dicha información, como la bioestratigrafía o la paleobiogeografía.

El proceso de preparación requiere diferentes técnicas en función de la naturaleza y estado del fósil. El tratamiento puede consistir en un sencillo cepillado en seco o en un lavado con agua (con o sin jabón, neutro o sin especificaciones, con cepillado o sin), un enjuague y un secado (natural o con secador).

También puede ser necesaria una consolidación, mediante adhesivos o diferentes consolidantes, o la separación del fósil de la ganga (roca o sedimento que lo engloba), que requiere la aplicación de procedimientos físicos (martillo y escoplo, lápiz neumático, microabrasímetro, etc.) o fisicoquímicos, como la disgregación de muestras en agua con o sin peróxido de hidrógeno (H2O2, agua oxigenada). En el caso de los microfósiles, además puede emplearse la técnica de lámina delgada como método de preparación, para su posterior estudio y conservación.

La muestra, una vez preparada, se registra, se etiqueta y se dispone en una bolsa (habitualmente de polietileno) para que no resulte afectada por el polvo ni la humedad. Si la roca o el sedimento donde el fósil se encuentra contiene una cantidad considerable de sulfuro de hierro en forma del mineral marcasita, hay que disponer una cantidad de gel de sílice para equilibrar (por absorción) una parte de la humedad del interior de la bolsa prolongando así la conservación del fósil, puesto que en caso contrario la humedad alteraría la marcasita y crearía partículas de ácido sulfúrico que acabarían destruyendo el fósil.

Una vez acondicionado, el fósil se registra informáticamente en una base de datos que considera aspectos registrales, numéricos, posicionales, históricos, sistemáticos, geográficos, bioestratigráficos y tipológicos.

Por último, se almacena en condiciones ambientales óptimas en armarios compactos.