Un estudio pionero compara la genética de los gorriones comunes actuales con ejemplares de principios del siglo XX y detecta los primeros síntomas de aislamiento entre las diferentes poblaciones en Cataluña, especialmente en áreas urbanas, a pesar de mantener su diversidad genética.
El gorrión común (Passer domesticus), compañero inseparable del ser humano en pueblos y ciudades, está sufriendo un proceso de fragmentación silenciosa en sus poblaciones del área mediterránea. Aunque de momento la especie mantiene intacta su riqueza genética global, la presión humana y la pérdida de “puentes” ecológicos han empezado a aislar unas poblaciones de las otras.
Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en la revista científica Conservation Genetics, liderado por el Museu de Ciències Naturals de Barcelona y el Institut de Recerca de la Biodiversitat (IRBio) de la Universidad de Barcelona (UB), entre otras instituciones. La investigación destaca por haber secuenciado el ADN de ejemplares históricos del Museo recolectados entre 1919 y 1950 en Cataluña, usándolos como un “espejo temporal” para compararlos con sus poblaciones actuales distribuidas a lo largo de un gradiente urbano y agrícola.
El tesoro genético escondido en los cajones del Museo
“Estas muestras históricas nos proporcionan una línea base fiable para comparaciones con el presente, permitiéndonos detectar cambios temporales en la estructura poblacional que serían muy difíciles de identificar usando sólo datos actuales”, explica Javier Quesada, conservador de vertebrados del Museo y uno de los autores del estudio.

Javier Quesada, conservador de vertebrados del Museo estudiando uno de los ejemplares históricos de gorrión común.
La extracción de ADN de estos ejemplares, sin embargo, no es sencilla. El material genético conservado en pieles y piezas taxidermizadas suele estar muy degradado, ya que durante décadas estas colecciones se conservaron pensando en su integridad morfológica y no en la preservación de su material genético. En este caso, los investigadores tuvieron que extraer pequeñas muestras de la piel de las patas de los ejemplares y adaptar los protocolos de laboratorio, alargando los procesos de digestión de los tejidos, para obtener suficiente ADN para el análisis.
Una fragmentación que aún no se había detectado
Con esta herramienta genética en la mano, los investigadores pudieron comparar las poblaciones actuales con la “fotografía” del pasado. Los resultados revelan un cambio drástico en la estructura de la especie. Mientras que las poblaciones históricas eran genéticamente homogéneas —lo que demuestra una alta conectividad regional hace cien años—, los gorriones actuales muestran un incremento notable en su estructuración genética y síntomas incipientes de endogamia. Esto se suma a los declives detectados en las poblaciones actuales, especialmente en las zonas urbanas.
Este fenómeno se atribuye a un proceso de fragmentación en el que la pérdida de pequeñas colonias intermedias actúa como una barrera invisible, impidiendo que los pájaros se mezclen entre sí debido a su comportamiento sedentario. Los investigadores alertan de que ya se han detectado “cuellos de botella” demográficos localizados, especialmente en entornos urbanos intensificados como el área metropolitana de Barcelona.
“Lo que resulta más revelador es que esta fragmentación aún no se había detectado porque la diversidad genética global de la especie se mantiene alta: los gorriones actuales aún conservan la riqueza de una población antigua mucho más conectada”, explica Rocío Pérez-Portela, investigadora del IRBio-UB y co-autora del estudio.
Una ventana de oportunidad para actuar
Los problemas de conectividad detectados hoy podrían traducirse en una pérdida real y visible de diversidad genética de aquí a unos años. El aislamiento de las poblaciones puede hacer que cada vez tengan menos capacidad para adaptarse a futuros cambios ambientales y, a la larga, esto podría hacerlas más vulnerables a enfermedades, sequías u otras presiones ecológicas derivadas del calentamiento global, aumentando el riesgo de que algunas colonias, o finalmente la especie, acaben desapareciendo del todo.
De momento, todavía estamos a tiempo. Si se restaura la conectividad del paisaje —mediante zonas periurbanas y espacios verdes conectores— todavía se puede evitar que el deterioro genético no tenga marcha atrás.
Desbloquear todo el valor científico de las colecciones
Este trabajo pone de manifiesto el potencial aún por explotar de las colecciones científicas históricas: millones de ejemplares en todo el mundo —más de 2 millones de animales sólo en el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona— guardan información genética sobre poblaciones y épocas de las que, de otro modo, no sabríamos nada. Desarrollar y perfeccionar técnicas para recuperar este ADN degradado es clave para poder establecer estas líneas base de conservación en muchas otras especies.
Por suerte, la museómica actual ya tiene en cuenta esta necesidad. Cuando se incorporan nuevos ejemplares a las colecciones de ciencias naturales, ya no sólo se preparan pieles, huesos o plumas. También se guardan muestras de tejido en condiciones óptimas para la conservación de su ADN. Estas muestras se depositan en criomuseos o biobancos, como el que el Museo tiene en marcha y que ya cuenta con muestras de más de 7.500 especímenes de 1.000 especies diferentes.
Artículo de referencia:
Quesada, J., Martín-Huete, M., Oliver, J., Calderón-Llobera, J., López-Rey, J.R., Wangensteen, O.S., Riyahi, S. & Pérez-Portela, R. Historical and contemporary genetic structure reveals recent fragmentation without loss of diversity in Mediterranean House Sparrow populations. Conserv Genet 27, 73 (2026). https://doi.org/10.1007/s10592-026-01794-7
